miércoles, 2 de marzo de 2011

El Plan de operaciones atribuido a Mariano Moreno



1- Introducción

Relaté en los capítulos precedentes los acontecimientos que se produjeron en el disuelto Virreinato del Río de la Plata desde el 25 de mayo de 1810, inicio de la Revolución, hasta fin del mes de agosto de ese año, que terminó con los fusilamientos de los rebeldes de Córdoba. Fue durante este período que habría sido redactado El llamado Plan de Operaciones, atribuido a Mariano Moreno.

El nombre real del escrito es: Plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra libertad e independencia. (1)

Supuestamente, el Plan fue encargado a Moreno a pedido de la Junta de Mayo. Se trata de un tema polémico que divide a los historiadores y a los pensadores argentinos.

Voy a dar mi opinión de entrada: se trata de un documento falso, escrito por un agente realista, desde Montevideo o Río de Janeiro, destinado a provocar el apoyo del ejército del Brasil a los españoles sitiados en Montevideo y disgustar al gobierno británico que, con sus navíos, evitaba que fuera bloqueado el puerto de Buenos Aires.

Las ideas de distintos pensadores e Historiadores se encuentran en un libro de reciente aparición. Me refiero a Plan de operaciones en marcha, Más allá de Mariano Moreno, publicado por el periodista Eduardo Nocera.(2) Entre los entrevistados están Gabriel Di Meglio, Patricia Pascuali, Norberto Galasso, Mario Pacho O´Donnell, Nicolás Casullo, entre otros. Es un libro para consultar.

Además, me basaré en otros dos libros, El Plan atribuido a Mariano Moreno, de Carlos S. A. Segreti (3) y Plan de operaciones, Mariano Moreno, publicado por la Biblioteca Nacional. (4)

Segreti considera al Plan como apócrifo, y en sus páginas, demuestra con detalle los motivos que lo llevaron a esa conclusión.

El libro de la Biblioteca Nacional reproduce la primera discusión acerca del Plan, a fines del siglo XIX, entre Norberto Piñero y Paul Groussac, el primero defendiendo la autenticidad y el segundo considerando al Plan como Apócrifo. Al final tiene una extensa bibliografía y algunas consideraciones acerca de la argumentación de esos escritos, por lo que recomiendo a los lectores interesados a profundizar en este tema que recurran a ellos.

Mi objetivo es más sencillo, señalar los errores históricos y de redacción que hicieron aumentar mis sospechas de que el Plan es apócrifo. No haré una reseña de las discusiones historiográficas que están extensamente relatadas en los libros citados anteriormente.

Pero este supuesto plan de Moreno, inspira a muchos pensadores a deducir de él sus deseos de un nuevo plan político que tendría sus raíces en ese plan de mayo de 1810, de cuya redacción, supuestamente, se cumplieron 200 años. Es que estos pensadores necesitan una base histórica sobre la cual edificar y dar legitimidad a sus ideas. Me parece que hicieron una mala elección. Desde que leí por primera vez el texto del Plan, tuve la intuición de que era apócrifo. Que tenía contradicciones internas con respecto a los hechos de la realidad histórica de los primeros meses de la Revolución, no coincidía con las preocupaciones de los miembros de la Junta de Gobierno en esos primeros días después de mayo y, además, groseros errores en el texto que no podían haber sido cometidos por su presunto autor, Mariano Moreno. Lo curioso de aquellos que afirman la autenticidad del documento, es decir, que fue escrito por Moreno a fines de Julio de 1810 y entregado a la Junta el 30 de agosto de ese año, que dan como un hecho cierto su autenticidad, consideran que no hay que demostrarlo. Sería bueno que alguno de estos historiadores y pensadores se detenga a rebatir, si pueden, los puntos que hacen que pensemos que se trata de un documento falso.

Los que se acercaron al plan saben que fue publicado por primera vez en el año 1896, por Norberto Piñero en el libro: los Escritos de Mariano Moreno, usando una copia existente en el Archivo de Indias de Sevilla. La primera crítica fue de Paul Groussac que presumía que el escrito era apócrifo. Años más tarde, Ricardo Levene, en su libro La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, sostenía que el escrito no había sido escrito por Moreno, que fue escrito en Montevideo por un oficial realista, Andrés Álvarez de Toledo, en momentos del sitio de esa ciudad.(5) Estos fueron los comienzos de la discusión histórica.

Pasemos ahora a tener algunas consideraciones teóricas acerca de la autenticidad, en general, de los documentos que sirven de material para comprender la historia. Me basaré en lo escrito por el historiador francés, Marc Bloch, en su libro Introducción a la Historia. (6)

En el capítulo: “La persecución de la mentira y el error” trata acerca de la forma que el historiador debe encarar el estudio de un documento presuntamente apócrifo. Nos dice que la impostura en la historia puede tomar dos formas. “Primero es el engaño acerca del autor y de la fecha: la falsedad en el sentido Jurídico de la palabra.” Y continúa poco más adelante: “Viene luego el engaño sobre el fondo”. Observa que la mayoría de los escritos dados con un nombre falso mienten también en su contenido. Considera que “no basta darse cuenta del engaño, hay que descubrir sus motivos, […] una mentira, como tal, es a su manera un testimonio.” Seguiré estos caminos para el estudio de este documento. (7)

Por último una aclaración, muchas de las pruebas de la falsedad del documento ya han sido señaladas por otros autores pero, para no complicar este escrito con muchas referencias, agregaré esa bibliografía al final.

Usaré el método indicado por Marc Bloch. En primer lugar analizaré la forma, es decir, los errores que cometió el que forjó estos documentos. En segundo lugar veremos la falsedad del contenido y, para terminar, en tercer lugar, establecer los posibles motivos de este engaño.

Agrego una cuarta pregunta no formulada por Bloch. ¿Qué hay en ese documento para que tantos pensadores, historiadores, escritores, ensayistas y también periodistas se ocupen de encontrar en este documento, falsamente atribuido a Mariano Moreno, un punto de partida para opciones políticas del día de hoy?

Por último una consideración. Muchos de los defensores de la autenticidad del Plan, se dedican a demostrar que muchas de los conceptos vertidos en él, coinciden con pensamientos de Moreno publicados en otros escritos y además, con sucesos que realmente ocurrieron durante la marcha de los primeros años de la Revolución de Mayo. Me parece que este enfoque no es el correcto.

Cuando uno se encuentra en un documento presuntamente falso, como por ejemplo un billete falsificado o una pintura atribuida a un pintor famoso, no interesa demostrar que ese billete o ese cuadro se parecen mucho al original. Lo que debemos observar es dónde el falsificador se equivocó, o sea dónde el billete no coincide con el original, o dónde el cuadro tiene trazos o colores que no usaba el artista copiado.

Por estos motivos pondré de manifiesto estos errores del falsificador, no me detendré en las consideraciones de quienes encuentran en el Plan, partes que podrían coincidir con el pensamiento de Moreno o con hechos históricos enunciados o vislumbrados en el Plan. Dejo para el lector curioso, al final, una extensa bibliografía.



(1) Ricardo Levene, Ensayo Histórico sobre La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, Editorial Científica y Literaria Argentina, Buenos Aires, 1925, p. 176.
(2) Eduardo Nocera, Plan de operaciones en marcha, Más allá de Mariano Moreno, Editorial del nuevo Extremo, Buenos Aires, 2010.
(3) Carlos S. A. Segreti, El Plan atribuido a Mariano Moreno, Centro de Estudios Históricos, Córdoba, 1996.
(4) Plan de Operaciones, Mariano Moreno, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2008.
(5)Ricardo Levene, Ensayo Histórico, op. Cit. p. 161 y siguientes.

(6) Marc Bloch, Introducción a la Historia, Fondo de Cultura Económica, México - Buenos Aires, 1957.
(7) Ibidem, p. 73 a 75.

















































miércoles, 26 de enero de 2011

Córdoba, represión y fusilamientos


La Junta de Gobierno reconoció que el principal desafío que tenía para su subsistencia era el levantamiento de la provincia de Córdoba. Montevideo no presentaba un peligro inmediato porque era imposible una invasión a Buenos Aires desde la Banda Oriental. Los de Montevideo no tenían fuerzas para intentar un desembarco en Buenos Aires. Sabían de la experiencia militar porteña que había sido victoriosa en las dos invasiones intentadas por los ingleses. Podían iniciar un bloqueo naval porque estaban destacados en ese puerto parte de la flota española. Pero la Junta sabía que una poderosa flota inglesa custodiaba las costas de América del Sur y protegía a sus barcos mercantes que comerciaban con Buenos Aires. El bloqueo no era posible, aunque meses más tarde lo intentaron.

Pero con Córdoba era distinto, Residía allí el ex virrey Santiago de Liniers, que había sido el héroe durante las invasiones inglesas, hombre de gran predicamento, noble, cuya familia había emigrado la América Española luego de la persecución que había sufrido de parte de la República Francesa. Además, desde el Perú era sencillo bajar un ejército hasta Córdoba y poner en jaque a Buenos Aires. Recordemos que Abascal, Virrey del Perú, había anexado de hecho a las provincias del Alto Perú, y cortado la provisión de plata y metales preciosos a Buenos Aires.

Entonces, la principal preocupación de los miembros de la Junta eran las provincias del Norte. Pero para llegar a ellas era necesario aplastar la rebelión de Córdoba.

La Junta había previsto que sería necesario imponer la revolución a las provincias interiores y apoyarlas mediante emisarios o por medio de la fuerza. Por eso en la misma acta de su constitución, el 25 de mayo, ordenó formar “una expedición de 500 hombres para auxiliar las provincias interiores del Reyno, la cual haya que marchar a la mayor brevedad.”(1) El 27 de mayo aclara en una circular que esa expedición militar tendrá por objeto “hacer observar el orden, si se teme que sin él no se harían libre y honradamente las elecciones de Vocales Diputados.” (2)

El 27 de junio, la Junta de Buenos Aires emitió una circular a todos los cabildos, y en especial al Gobernador de Córdoba manifestando que estaba en conocimiento que “el gobernador de Córdoba complotado con D. Santiago de Liniers y el Obispo de ella expide circulares a todos los Gobiernos y Cabildos, provocando una división entre esta Capital y los demás pueblos…” Indicaba que la Junta contaba con fuerzas para poder sofocar la revuelta. Este oficio fue enviado con el fin de que las autoridades de Córdoba reconocieran a la Junta de Buenos Aires y depusieran su actitud beligerante.(3)

El Cabildo de Córdoba contestó que no era necesario el envío desde Buenos Aires de la expedición militar pues “su venida como no es necesaria producirá el desorden y conmoción popular en gravísimo perjuicio del público sosiego,…” (4) La suerte de los rebeldes de Córdoba estaba echada. El ejército, al mando del coronel Francisco Ocampo se encaminaba a paso rápido hacia la provincia y tenía orden de solicitar al Gobernador que permitiera la realización de la elección del diputado que debía representar a la provincia en el congreso a realizarse en Bueno Aires. Además, la Junta designó a Diego Pueyrredón para tomar prisioneros y remitir a Buenos Aires a los revoltosos.

Pero pocos días después, la Junta expidió la terrible orden de fusilamiento. Transcribo el texto completo por su valor histórico.

La Junta manda que sean arcabuceados don Santiago Liniers, don Juan Gutiérrez de la Concha, el obispo de Córdoba, don Victorino Rodríguez, el coronel Allende y el oficial real don Joaquín Moreno. En el momento en que todos o cada uno de ellos sean pillados, sean cuales fueran las circunstancias, se ejecutará esta resolución, sin dar lugar a minutos que proporcionaren ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden y el honor de vuestra excelencia. Este escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema y una lección para los jefes del Perú, que se avanzan en mil excesos por la esperanza de la impunidad y es al mismo tiempo la prueba de la utilidad y energía con que llena esa expedición los importantes objetos a que se destina.
Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Buenos Aires, 28 de julio de 1810.
Cornelio Saavedra, Doctor Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Manuel de Azcuénaga, Domingo Matheu, Juan Larrea, Juan José Paso– Secretario. Mariano Moreno –Secretario (5)

Cuando el ejército estaba próximo a Córdoba, los cabecillas, al ver que no podían resistir, intentaron escapar. Finalmente fueron apresados y recluidos en un paraje llamado Posta del Pozo del Tigre. El deán Funes convenció al comandante Ortiz Ocampo para que aplazara la sentencia de muerte. La junta manda entonces a Castelli y a Rodríguez Peña con órdenes terminantes de ejecutar la sentencia en forma inmediata. El 26 de agosto fueron ejecutados los prisioneros con excepción del obispo Orellana.

El Cabildo de Córdoba designó como diputado al deán Funes.

Pocos días después de las ejecuciones, la Junta emitió otro comunicado en el cual intentaba justificar este proceder al recordar lo acontecido durante las rebeliones del año 1809 en Quito, La Paz y Charcas. Los miembros de esas juntas, en especial los criollos, fueron reprimidas por el Virrey del Perú y condenados a crueles sentencias de muerte.(6)

De esta forma, a fines de agosto de 1810 quedaba abierto el camino para que los ejércitos de Buenos Aires se encaminaran al Alto Perú.


(1) La Revolución de Mayo a través…, op. Cit. Tomo I, p. 352.
(2) Ibidem, Tomo I, p. 365.
(3) Gaceta de Buenos Aires, Tomo I, p. 180 y 181.
(4) Biblioteca de Mayo, Tomo XVIII, p. 16371.
(5) Ibidem, Tomo XVIII, p. 16260.
(6) Ibidem, Tomo XVIII, p. 16261

Relaciones de la Junta de Mayo con los ingleses



La junta de Buenos Aires, a los pocos días de su constitución, se preocupó por las relaciones exteriores con su vecino, Brasil. También con Inglaterra, que protegía al puerto de Río de Janeiro de un posible ataque francés y patrullaba las costas del Río de la Plata para defender las naves comerciales británicas. Para ello designó a Matías Irigoyen como su representante ante Londres. Su misión era transmitir a la corte británica las intenciones de la Junta de Buenos Aires. Además, la Junta envió una comunicación el día 28 de mayo, al embajador británico en Río de Janeiro, Lord Strangford, señalando los motivos que llevaron a su conformación y la destitución del virrey Cisneros.

Strangford respondió a la Junta el 16 de junio de 1810. Expresó en esa carta que no tenía directivas positivas de la corte inglesa en cuanto al modo de proceder pero, a pesar de ello, contestaba “como si hubiera recibido la carta oficialmente.” Aclaraba que estaba satisfecho con el hecho de que la Junta actuara en nombre del rey Fernando VII. Continuaba con el siguiente párrafo que considero esclarecedor: “Tengo la satisfacción de poder aseguraros las disposiciones pacíficas y amistosas de esta corte, con las que ya he tenido repetidas conferencias sobre el tema;” Se refería a la corte de Brasil y continuaba: “Con respecto a mi propia corte, prometo a vuestras Excelencias que utilizaré todos los buenos oficios en mi poder,”. (1)

Estas declaraciones del representante inglés fueron publicadas en la Gaceta de Buenos Aires el día 12 de julio con el siguiente comentario: “El público no debe carecer de su lectura; y esta se franquea con tanta mayor satisfacción, cuanto que ella sola bastará para tranquilizar a los habitantes de estas Provincias…” (2)

Montevideo había requerido a la flota inglesa que bloqueara el puerto de Buenos Aires. El capitán Eliot, comandante del navío de guerra británico Porcupine, fondeado frente a Montevideo, en carta fechada el 19 de julio, le informa al gobernador militar de ese puerto, Joaquín de Soria, que sus órdenes consisten en que “ninguno de mis oficiales, o gente se mezclen en disputas, o discusiones políticas,…” y por ese motivo “no me considero con facultades para bloquear a la capital, ni obrar bajo ningún carácter político.” (3)

La Revolución no tenía que abrigar temores, por el momento, de represalias de la corte de Brasil y tampoco del gobierno inglés. El puerto de la Capital seguiría abierto al comercio exterior.


(1) Mayo documental, op. Cit., Tomo XI, p. 319.

(2) Gaceta de Buenos Aires, op. Cit. Tomo I, p. 147.
(3) Mayo documental, op. Cit. Tomo XII, 213.











jueves, 20 de enero de 2011

La reacción realista ante la Revolución de Mayo



La reacción de los realistas ante la Revolución de Mayo no se hizo esperar. Ya vimos que estaba en marcha el levantamiento del gobernador de Córdoba, vimos el intento de insurrección frustrado de en la provincia de Mendoza, sabemos de la respuesta de Montevideo y de Paraguay de no reconocer a la Junta de Buenos Aires. Pero otra amenaza llegaba del desde Perú. En efecto, el virrey José Fernando de Abascal y Sousa, dispuso anexar al Virreinato del Perú, los territorios del Alto Perú, que pertenecían al Virreinato del Río de la Plata.

En una proclama fechada el 13 de julio de 1810, Abascal se expresaba en los siguientes términos con respecto a los criollos:

Hombres destinados por la naturaleza, a sólo vegetar en la obscuridad y abatimiento, sin el enérgico carácter de la virtud, y con humillante debilidad de todos los vicios, aspiran a lograr la vil efímera representación, con que los execrables delitos, señala a los grandes criminales. No hay país alguno en la tierra, que no esté expuesto a sufrir la desgracia de abrigar en su seno, con abominables monstruos, que enmascarados, con el simulado disfraz, de amor a la Religión, de la Patria y el bien público, sólo intentan por su particular interés, la desorganización, la anarquía y el desorden. (1)

Este es un ejemplo de la forma en que los nativos en España catalogaban a los criollos. Esta manera de ver a los criollos es un ejemplo más de una de las causas que provocaron las revoluciones de América Española.

Pero sigamos con la proclama de Abascal. Dispuso que los pueblos que dependían del Virreinato del Río de la Plata pasaran a depender nuevamente del Perú, de la forma que existía antes de las reformas borbónicas. Sigue diciendo que: “se lo han solicitado por los más expresivos oficios el Señor Presidente de Charcas, su real audiencia, […] La Imperial Villa de Potosí, la ciudad de la Paz y Córdoba del Tucumán.” Esta medida obligará a la Junta de Buenos Aires preparar y enviar una expedición a esas provincias para que se incorporen nuevamente a las Provincias del Río de la Plata.

Es decir que, en el mes de julio de 1810, el gobierno revolucionario de Buenos Aires estaba en peligro. En Montevideo, la marina española dominaba el puerto y la ciudad amurallada. Las provincias del Norte: Paraguay y el Alto Perú se aliaban con el virrey de Lima y amenazaban con invadir el territorio desde el Norte. Además, los miembros de la Junta de Gobierno de Buenos Aires conocían lo acontecido con las juntas que se establecieron en Cochabamba y la Paz en el año 1809. Los españoles consideraban a los revolucionarios como criminales y fueron pasados por las armas como traidores. Es decir que los revolucionarios de Buenos Aires sabían que ponían en juego sus propias vidas.


(1) La Revolución de Mayo a través de los impresos de la época, Comisión Nacional Ejecutiva del 150 Aniversario de la Revolución de Mayo, Buenos Aires, 1965, Tomo I, p. 399.



miércoles, 19 de enero de 2011

Las Provincias Rebeldes II


La segunda provincia que se rebeló en lo que es actualmente el territorio de la República Argentina se dio en la Ciudad de Mendoza. Existen dos narraciones del mismo hecho vertidas por dos protagonistas, una relatada por Faustino Ansay,(1) realista, que encabezó la rebelión contra la junta de Buenos Aires y el otro es el informe que Juan Bautista Morón, delegado de la Junta, envió a Buenos Aires al cabo de su misión en Mendoza. (2)

Tomaremos los hechos de las dos narraciones pues son en realidad coincidentes. La noticia de la Revolución de Mayo llegó a Mendoza recién el 11 de junio. Al mismo tiempo se recibió desde Córdoba, los partes del gobernador, Juan Gutiérrez de la Concha, que aconsejaban no reconocer a la junta de Buenos Aires y sí al gobernador de Córdoba y al Consejo de Regencia de España. Ansay, que era el comandante de armas de la frontera, en sus memorias confiesa que: “Todos esos oficios y avisos con los demás que se recibieron en lo después los reservé a mí y a don Domingo de Torres y a don Joaquín Gómez Liaño, socios inseparables en todos los trabajos, en todas las prisiones…” Agrega que hicieron lo posible por demorar la reunión del Cabildo y la respuesta al requerimiento de Buenos Aires.

El 23 de junio se reunió el Cabildo con los vecinos más pudientes y no quedaron dudas para Ansay, “Todos, todos y aun los prelados regulares resolvieron obedecer a la Junta revolucionaria…” Finalmente Ansay tomó la palabra y se declaró partidario de las antiguas autoridades y que reconocía y obedecería las órdenes del Gobernador de Córdoba.

Terminada la reunión, Ansay y sus amigos se retiraron pero los partidarios de la Revolución decidieron exigir a Ansay que entregara las armas que custodiaba, al Cabildo. Ansay contestó que de ninguna manera lo haría. Pero una delegación conformada por un crecido número de pueblo, Ansay no tuvo más remedio que entregar las armas. Se nombró como comandante a Isidro Sanz de la Masa. Los partidarios de la revolución desfilaron con sones de música en triunfo, luciendo escarapelas blancas.

Ansay comunicó estos acontecimientos al gobernador de Córdoba, Juan Gutiérrez de la Concha, que encabezaba la rebelión contra la junta de Buenos Aires, y solicitó urgente ayuda. Vemos cómo la rebelión de Córdoba se extendía por algunas provincias poniendo en peligro la Revolución.

Pero Ansay decidió oponerse a la Junta y convocar a sus aliados europeos e intentar recuperar el cuartel con las armas. La noche del 28 de junio, sigilosamente, asaltaron el cuartel y los guardias entregaron las armas nuevamente al comandante Ansay sin ocasionar víctimas. Colocó dos cañones en las bocacalles y se aprestó a la defensa.

Al día siguiente, 29 de junio, el pueblo fue alertado con la campana del Cabildo de los acontecimientos de la noche anterior y comenzó a reunirse una muchedumbre en la plaza. Una delegación del pueblo, encabezada por el párroco, Domingo García se dirigió al cuartel para entrevistar a Ansay. Se acordó que Faustino Ansay seguiría con la custodia de las armas.

Pero la agitación del pueblo de Mendoza continuaba y el día primero de julio se produjo una nueva reunión entre el Cabildo y un representante de Ansay. En esa reunión se acordó que se haría una unión entre el Cabildo y el comandante de armas. Las resoluciones serían firmadas por ambas autoridades con la palabra: el gobierno.

Así las cosas, Ansay esperaba que llegaran refuerzos de Córdoba para poder afianzar su autoridad. Pero el 10 de julio, arribó a Mendoza el comisionado de la Junta de Buenos Aires, teniente coronel Juan Bautista Morón. Se presentó al Cabildo e informó que una expedición de 1500 hombres se encaminaba con rumbo a Córdoba para sofocar el levantamiento del Gobernador Concha.

El Cabildo de Mendoza pidió entonces desconocer el acuerdo a que habían llegado las partes el primero de julio y Ansay, en conocimiento de que no recibiría auxilio de Córdoba, tuvo que renunciar. Fue hecho prisionero y conducido con escolta a Buenos Aires. De esta forma, la provincia de Mendoza se incorporó al gobierno de Buenos Aires.

(1) Faustino Ansay, “Relación de los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Mendoza en los meses de junio y julio de 1810”, en Biblioteca de Mayo, Op. Cit. Tomo IV, p. 3315 y siguientes.
(2) Biblioteca de Mayo, Op. Cit. Tomo XVIII, p. 16437 y siguientes.


























miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las Provincias Rebeldes I

Producida la Revolución de Mayo en Buenos Aires, la provincia de Córdoba no reconoció la Junta establecida en la capital. El 3 de junio, el gobernador intendente de la provincia, Juan Gutiérrez de la Concha, en una carta dirigida al Intendente de Potosí, comunicaba los sucesos de Buenos Aires y las providencias que había tomado la provincia de Córdoba para resistir a la revolución. (1)

Según cuenta en esta carta, la noticia de la deposición del virrey Cisneros llegó a Córdoba el día 30 por un mensajero. El gobernador convocó a una reunión para la mañana siguiente. Asistieron Santiago Liniers, el obispo Orellana, y los individuos más importantes de la ciudad. Se resolvió sostener la autoridad del virrey Cisneros, mantener el orden y esperar la llegada del correo que confirmara estas noticias antes de adoptar una resolución definitiva. Además, enviar un emisario a Potosí para que “esa provincia no sea sorprendida”. (2)

El doctor Gregorio Funes, deán de la catedral de Córdoba, le comunicó a la Junta de Buenos Aires los acontecimientos sucedidos en la ciudad a partir de la noticia de la creación de la junta de gobierno. Funes estuvo presente en la primera reunión convocada por el gobernador. El correo de Buenos Aires llegó a Córdoba el 4 de junio. Se convocó a los mismos asistentes de la reunión anterior. Se leyeron los impresos y el gobernador expresó que: “a un tiempo se había ultrajado la soberanía, hollado las leyes, usurpado las autoridades, y perturbado el orden público.” Que nunca reconocería al nuevo gobierno, Los asistentes aprobaron su dictamen con excepción del deán. Luego de diversas consideraciones, Funes propuso que se convocara a un cabildo abierto para la discusión de este asunto. La propuesta fue rechazada. (3)

El 20 de junio el deán Funes remitió una comunicación a la junta que relata los hechos de estas reuniones. La carta fue publicada en la Gaceta de Buenos Aires el 7 de agosto de 1810 por lo que el pueblo de la capital conoció los sucesos de Córdoba a los dos meses de producidos. (4)

Esta negativa del gobernador de Córdoba y su resistencia armada desencadenaría meses más tarde una severa respuesta de las autoridades de Buenos Aires que costaría la vida al Gobernador, a Liniers y a otros insurrectos.

1- Mayo Documental, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1965, Tomo XI, p. 249.
2- Ibidem, p. 250.
3- Biblioteca de Mayo, op cit, Tomo XVIII, p. 16365-16370.
4- Gaceta de Buenos Aires, reimpresión facsimilar, Junta de Historia y Numismática Americana, Buenos Aires, 1910, p. 257.











martes, 28 de diciembre de 2010

Adhesiones de los pueblos a la Junta de Gobierno de Buenos Aires – Parte II


 

Sigo con las provincias y ciudades que reconocieron a la Junta de Buenos Aires para luego encarar aquellas que no la reconocieron y se rebelaron y la interacción entre ellas.

La provincia de San Juan reconoció a la Junta el 16 de junio de 1810 y nombró a José Ignacio Fernández Maradona como diputado. Hace constar además en su comunicación con Buenos Aires que el Cabildo de San Juan “ha tenido que vencer las instigaciones del gobernador intendente de Córdoba” que se había rebelado contra la Junta de Buenos Aires. (1)

San Luis reconoció a la junta y designó como diputado a Marcelino Poblet. Hace constar que ha recibido comunicaciones de Córdoba cuyo gobierno “no cesa de pasarnos consecutivamente varios oficios a efecto de que este Cabildo y su vecindario no reconozca a vuestra excelencia por legítima autoridad”. (2)

Comenzamos a ver cómo la oposición a la Junta, en especial desde Córdoba, intentaba indisponer a otras provincias en contra de Buenos Aires. Esto desencadenará un conflicto que finalmente terminará con el uso de la fuerza armada y el fusilamiento de los cabecillas.

Catamarca eligió el 31 de agosto a José Antonio Olmos de Aguilera, que indica que partirá hacia Buenos Aires como “diputado representante para el congreso general en esa capital convocado por vuestra excelencia.” (3)

En esta carta vemos que el diputado electo es para incorporarse a un congreso general, no para formar parte de la Junta de Gobierno. Esta confusión traerá consecuencias muy importantes al finalizar el año 1810.

Santiago del Estero reconoció a la Junta y designó como diputado a juan José Lami, el 9 de julio. (4)

El 26 de junio, el Cabildo de Tucumán envía una nota a Buenos Aires informando a la Junta que: “oyendo el voto de los más ilustrados del congreso general que se formó, se resolvió rendir obediencia a la superioridad de vuestra excelencia”. El 16 de agosto fue electo diputado Manuel Felipe Molina. (5)

Hasta este punto hemos visto la adhesión de las provincias que reconocieron en un primer momento al gobierno provisional de Buenos Aires a los pocos meses de la Revolución de Mayo. Es interesante destacar que todas ellas forman parte en la actualidad de la Nación Argentina y también eran parte de la Gobernación del Río de la Plata antes que se transformarse en virreinato.

Las provincias que no adhirieron a la Junta de Buenos Aires son las del Alto Perú (hoy Bolivia), Paraguay y la Banda Oriental del Uruguay. Estas provincias, excepto Uruguay, no formaban parte de la gobernación de Buenos Aires y fueron anexadas al crearse tardíamente el virreinato. Es decir que las provincias y ciudades que tenían lazos antiguos con la capital reconocieron rápidamente su autoridad, no siendo así el caso del Alto Perú que tradicionalmente había dependido de Lima y el Paraguay, que había sido fundada antes que Buenos Aires y había sido una gobernación independiente hasta la formación del virreinato a mediados del siglo XVIII.

Las provincias que se rebelaron a la autoridad de la capital fueron las de Córdoba y Mendoza. Esta rebelión fue sofocada mediante una intervención armada e incorporada a las Provincias Unidas pocos meses después de la Revolución de Mayo como veremos en el próximo capítulo.


(1) Ibidem, p. 16348.
(2) Ibidem, p. 16413.
(3) Ibidem, p. 16454.
(4) Ibidem, p. 16466.
(5) Ibidem, p. 16480-16481.






























lunes, 13 de diciembre de 2010

Adhesiones de los pueblos a la Junta de Gobierno de Buenos Aires - Parte I



A los pocos días de producida la Revolución del 25 de Mayo, se había despachado a las ciudades del interior del Virreinato la comunicación que anunciaba la creación de la Junta de Gobierno en Buenos Aires, con el pedido de reconocimiento y la designación de un diputado para representar a la ciudad en el Congreso.

El 8 de Junio, en la provincia de Entre Ríos, desde la ciudad de Concepción del Uruguay se reconoció a la Junta. El 22 de junio hace lo propio la ciudad de Galeguaychú. (1) Corrientes reconoció a la Junta el 16 de junio de 1810 y nombró como diputado a José García del Cossio, en un Congreso realizado en el Cabildo de la ciudad el 3 de julio. (2)

Durante la elección de diputado en la ciudad de Santa Fe se produjo una alternativa que es interesante narrar porque nos muestra la forma con que se fueron modificando las tradiciones políticas coloniales ante los incipientes aires democráticos. Según la correspondencia intercambiada entre el Cabildo de Santa Fe y la Junta de Buenos Aires, el día 9 de junio se procedió a convocar a un congreso para la elección del diputado. Pero esa elección quedó en suspenso pues asistieron “jóvenes, en quienes por lo mismo se considera una facilidad irreflexiva para sus votaciones.” Además, esos jóvenes habían ocupado asientos reservados para “vecinos distinguidos que han servido a la ciudad con empleos públicos, y que tienen finca, raíz y familia.” Esto motivó que la reunión se suspendiera y el Cabildo de Santa Fe solicitara a Buenos Aires la solución al conflicto. Mariano Moreno contestó que “para la elección de diputado deben citarse todos los vecinos existentes en la ciudad sin distinción de casados o solteros; y que la asistencia debe verificarse sin etiqueta ni orden al asiento…” (3)

Vemos cómo, en los primeros días de la Revolución, ya se comenzaba a democratizar la participación de la ciudadanía en la cosa pública, suprimiendo la etiqueta y las restricciones del antiguo régimen y promoviendo la participación de la juventud. Finalmente el 2 de julio el vecindario fue convocado y de la elección resulto diputado Juan Francisco Tarragona. (4)

La ciudad de San Juan reconoció a la Junta y nombró como delegado a José Ignacio Fernández Maradona el 16 de julio de 1810. En San Luis, el 30 de junio se eligió como diputado al alcalde de primer voto, Marcelino Poblet. En Catamarca el primero de agosto fue electo diputado Francisco de Acuña. El 9 de julio el Cabildo de Santiago del Estero eligió como diputado a Juan José Lami. Tucumán nombró diputado a Manuel Felipe Molina el 16 de Agosto de 1810. El 31 de Agosto Salta eligió a Francisco de Gurruchaga como delegado.

En la provincia de Misiones, se recibió la circular que anunciaba la creación de la Junta el 17 de junio, en la ciudad de Yapeyú, que en ese tiempo formaba parte de dicha provincia pero que hoy pertenece a la provincia de Corrientes. El gobernador, Tomás de Rocamora hizo circular una nota citando para el ocho de julio “a los corregidores, un individuo del Cabildo de cada uno de los ocho pueblos de este departamento, con los caciques principales del mismo modo, los que deberán estar en esta capital sin falta, ni pretexto alguno, a fin de que el intérprete del gobierno, don Antonio Morales, les haga entender y saber la instalación de la Junta provisional gubernativa de Buenos Aires.”

El 8 de julo, en el pueblo de nuestra señora de la Candelaria, en presencia de los caciques principales “de los pueblos de Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miri, Corpus, Jesús, Trinidad, e Itapúa” se leyó el oficio de la Junta en castellano y luego habló el traductor del idioma guaraní. Todos los asistentes reconocieron a la Junta y luego fue leída ante el pueblo, en ambos idiomas. La alegría fue expresada con salvas de cañones y repique de campanas.

Es muy emotivo ver cómo, en hora muy de temprana de la Revolución, los caciques de las Misiones Jesuitas reconocieron al gobierno revolucionario de Buenos Aires y los caciques firmaron el acta de reconocimiento. Quisiera recordar aquí esos nombres olvidados de nuestra historia: Luis Chive, Francisco Camberro, Francisco Verapoti, Benedicto Iric, Valeriano Mbacay, Crisanto Ciejes, Mariano Añeda, Francisco Taberacuá, Ignacio Abañerá, Fulgencio Yaparí, Pedro Pascuál Yarupá, Gregorio Cariyú, Juan Angel Ararobí, Fabian Aruarí, José Ñandabu, José Añangara, Eusebio Guirarepó. (5)

Días más tarde, Asunción del Paraguay reconoció al Consejo de Regencia de España y comenzó el conflicto con Misiones, lo que provocó la llegada del ejército comandado por Manuel Belgrano. Pero eso será motivo de un capítulo especial.

 
1.- Biblioteca de Mayo, op. Cit. Tomo XVIII, p. 16265-266.
2.- Ibidem, p. 16275.
3.- Ibidem, p. 16296-300.
4.- Ibidem, p. 16303.
5.- Ibidem, p. 16320-321.
























viernes, 19 de noviembre de 2010

Situación política en el virreinato luego de la Revolución de Mayo


En este capítulo veremos cómo reaccionaron los distintos pueblos o provincias que dependían de Buenos Aires al crearse la nueva Junta de Gobierno. La Junta había mandado una circular invitando a los cabildos de los pueblos del interior instándolos a jurarle obediencia y a enviar un delegado a la Capital para un Congreso que determinaría la forma de gobierno.

Montevideo, en un primer momento aceptó reconocer a la Junta de Buenos Aires pero, al poco tiempo, cambió de opinión y reconoció al Consejo de Regencia, que se había instalado en la isla de León, frente a Cádiz, que era la única porción de España que no se encontraba en manos francesas. Recordemos que la Junta de Buenos Aires actuaba en nombre del rey prisionero, Fernando VII, pero no reconocía al Consejo de Regencia por considerar que no poseía autoridad suficiente.

Los españoles europeos se plegaron a reconocer al Consejo de Regencia y a la autoridad de España sobre los dominios de América. En cambio los americanos deseaban la independencia.

El 9 de junio el Cabildo de Buenos Aires recibió un oficio del Cabildo de Montevideo, con fecha 6 de junio, que relataba los acontecimientos ocurridos en la capital de la Banda Oriental. Decía que el pueblo se había reunido en Congreso General y había acordado “unirse cordialmente a la capital”. Cuando estaban por elegir el delegado que debía dirigirse a Buenos Aires, entró al puerto un bergantín procedente de Cádiz que traía noticias de la instalación del Consejo de Regencia y que éste había sido reconocido por todas las provincia y por las cortes de Inglaterra y Portugal. Leídas las proclamas y las noticias procedentes de España, el pueblo reconoció al Consejo, lo que fue festejado con “salvas de artillería, repiques de campanas, iluminación, y tedeum.” (1)

De esta forma la Banda Oriental quedó separada de Buenos Aires y esto dio lugar a numerosas guerras, ocupación de tropas portuguesas en un complejo conflicto que duró hasta la creación de la República Oriental del Uruguay, luego de 20 años, en 1830.

También comenzaron a llegar adhesiones y rechazos a la Junta, por lo que se fue conformando un panorama de las provincias del virreinato que adherían a la Junta y las que no aceptaban su instalación. Esto dio comienzo a una guerra que se extendería a todos los dominios españoles en América y que durará quince años, hasta la batalla de Ayacucho en diciembre de 1824.

Los documentos de la época nos permiten reconstruir el panorama de adhesiones y rechazos que condicionaba a la Junta y limitaban el territorio sujeto a su autoridad. Ya vimos el rechazo de Montevideo. En los próximos capítulos veremos las adhesiones a la Junta de Buenos Aires para finalmente considerar los rechazos y la forma en que el gobierno de Buenos Aires procedió en cada uno de esos casos. De esta manera podremos apreciar el panorama político y territorial del antiguo virreinato a fines de 1810.


[1] Biblioteca de Mayo, op. Cit. Tomo XVIII, p. 16190.

martes, 2 de noviembre de 2010

Primeros pasos, parte 2


Una de las primeras medidas de la Junta consistió en comunicar a los pueblos del interior su constitución, el derrocamiento del virrey Cisneros y solicitar el envío de delegados para un congreso que decidiría la futura forma de gobierno. Los miembros de la junta sabían que la Revolución fue una revolución de la Ciudad de Buenos Aires y que las ciudades del interior del país, tal vez no apoyaran el cambio de gobierno. Estos problemas ya están advertidos desde el mismo momento de su constitución y por, ello la formación y el envío al interior de un ejército auxiliar que llevaría las novedades de la Capital pero además, que podría disuadir a aquellas ciudades o provincias que no aceptaran la autoridad de la Junta de Buenos Aires.

Por estos motivos, el día siguiente a su constitución, la Junta publicó un bando en el que solicitaba que “hoy a las tres de la tarde concurra a la sala capitular a prestar el juramento de reconocimiento y obediencia” a la Junta. Estaba dirigido al obispo Benito de Lué y Riega, a los miembros de la Audiencia, a los del Consulado, y al resto de las autoridades de la Capital. Agregaba que al día siguiente, a la misma hora, debían concurrir para presenciar el juramento de las tropas en la plaza Mayor. (1)

Al recibir esta notificación, el Cabildo, en una reunión de ese mismo día acordó que si era requerido de sus miembros el juramento, que lo harían bajo protesta. El acta está firmada por los alcaldes de primer voto, Juan José Lezica, de segundo voto, Manuel Gregorio Yaniz y los demás miembros del Cabildo. (2)

En el acta del Cabildo del 28 de mayo se describe la ceremonia de juramento. La tarde del 26 de mayo se preparó la sala capitular de la misma forma que para la instalación de la Junta el día anterior. Al comenzar la ceremonia de la jura, Cornelio Saavedra manifestó que era necesario que el los miembros del Cabildo juraran en primer término. El Cabildo juró bajo protesta. Los miembros del tribunal de la Audiencia manifestaron que siempre habían jurado al Soberano y que jurarían bajo protesta. El resto de las autoridades prestaron juramento sin inconvenientes. Al día siguiente, en la plaza Mayor, ante el señor obispo Lué, el comandante de las fuerzas navales británicas y el Presidente de la Junta Cornelio Saavedra y demás vocales, juraron las tropas formadas en cuadro. El juramento fue respondido con descargas de artillería que fue respondido por naves inglesas empavesadas fondeadas frente a Buenos Aires. (3)

Como podemos apreciar por estos testimonios extraídos de actas del Cabildo, tanto los miembros de la Audiencia así como los del Cabildo tenían reticencia para prestar juramento a la Junta de Gobierno y pronto tramarían una sedición contra la nueva Junta, cosa que poco más tarde provocaría la expulsión de la Audiencia del país.

El segundo día, después de la Revolución, denominándose Junta Provisional Gubernativa, la Junta envió una circular a los Pueblos del Virreinato, anunciando su instalación e invitándolos a enviar “diputados vocales”. (4)

Esta circular contradijo en una parte lo acordado el 25 de mayo y provocaría poco tiempo más tarde, dramáticos acontecimientos que modificarían por un tiempo el rumbo de la Revolución. Me refiero a la incorporación a la Junta de los delegados del interior y el posterior alejamiento de Mariano Moreno y luego de los miembros más radicales de la Junta.

En efecto, el 25 de mayo, se había acordado invitar a los pueblos del interior a elegir un delegado para participar en un Congreso “para establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente.” En cambio, en esta circular se invitaba a los pueblos del interior a participar en la misma Junta como vocales, es decir, participar de las decisiones del nuevo gobierno.

El párrafo decía que: “quede entendido, que los diputados han de irse incorporándose en esta junta conforme y por el orden de su llegada a la Capital.” Se entendía que debían ser “uno por cada ciudad o villa de las provincias,”. (5)

El motivo de este cambio podría ser la necesidad de conseguir la adhesión de los gobiernos provinciales al incorporarlos a la Junta pues ya se tenía conocimiento de la oposición de algunos de ellos, como el de Montevideo y Córdoba.
1.- Biblioteca de Mayo, op. Cit. Tomo XVIII, p. 16137.
2,. Ibidem, p. 16139 y 16130.
3.- Ibidem, p. 16144.
4.- Ibidem, p. 16139.
5.- Ibidem, p. 16141.


martes, 26 de octubre de 2010

La Revolución de Mayo – Primeros pasos

El 26 de mayo de 1810, al día siguiente de la Revolución de Mayo, la Junta de Buenos Aires se encontró con la tarea de gobernar el extenso territorio del Virreinato del Río de La Plata. El virreinato abarcaba el territorio de cinco países de la actualidad: Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y parte de Brasil. Las distancias entre las principales ciudades eran muy grandes y la comunicación entre ellas era difícil. Además, el Virreinato del Río de La Plata había sido una creación relativamente reciente, consecuencia de las reformas de la Corona española, conocidas como Reformas Borbónicas. La creación del Virreinato había sido efectuada entre los años 1776 y 1777. Es decir que tuvo una vida de 33 años. Era un agregado de territorios que habían sido dependientes de otras capitales, no de Buenos Aires. Las provincias de Cuyo habían sido parte del llamado Reino de Chile. El Alto Perú, hoy Bolivia, había dependido siempre del Virreinato del Perú. La capital de la banda Oriental del Uruguay era una plaza fortificada y apostadero de la flota española cuyos veleros, por su calado, no podían acercarse a las aguas poco profundas que circundaban el puerto de Buenos Aires. Además, ese territorio era codiciado por el imperio portugués, y había sufrido varias invasiones lusitanas. Por último, Asunción del Paraguay, antigua capital de la gobernación, no veía de buen grado la preponderancia de Buenos Aires que controlaba el acceso a los ríos Paraná y Paraguay, de los que dependía el comercio de esos territorios.

Era este el contexto geopolítico con que la Junta de Gobierno de Buenos Aires comenzó a gobernar. Ya en el acta constitutiva de la junta el 25 de mayo de 1810 se establecieron cursos de acción inmediatos.

Se designaron los vocales que constituirían la nueva Junta de Gobierno. Fueron: Presidente Cornelio Saavedra, vocales Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno.

Como segundo punto se prepararía una expedición de “quinientos hombres para auxiliar las provincias interiores del reino”.

Se estableció despachar en forma urgente “órdenes circulares” a los jefes del interior para que los respectivos cabildos “convoquen por medio de esquelas la parte principal, y más sana del vecindario,” para que elijan a sus representantes para que a la brevedad se reúnan en la Capital “para establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente.”

En la misma acta del 25 de Mayo se incorporaron dos cláusulas que implicaban una ruptura con los conceptos de legislación colonial. Me refiero a la división de poderes: “los referidos señores que componen la Junta provisoria quedan excluidos de ejercer el poder judiciario el cual se refundirá en la Real Audiencia.”

La segunda se refiere a la imposición de tributos. Establecía que la Junta “no pueda imponer contribuciones, o gravámenes al pueblo, o sus vecinos sin previa consulta, y conformidad de este excelentísimo Cabildo”

Podemos apreciar que desde el acta constitutiva de la junta se adoptan principios de gobierno que rompen con las tradiciones de la legislación española: la división de poderes, separando el ejecutivo del judicial y la potestad de imponer gravámenes sin la aprobación del cuerpo colegiado, en este caso el Cabildo. Anteriormente los virreyes y gobernadores administraban justicia e imponían impuestos.





domingo, 30 de mayo de 2010

Introducción - parte segunda



La construcción de la Nación Argentina
1810 - 1820

Lo que aconteció el día 25 de mayo de 2010 en Buenos Aires me produjo una profunda impresión. Me refiero a los actos programados para conmemorar los 200 años de la Revolución de Mayo. Me conmovió la concurrencia masiva del pueblo a los festejos, la tranquilidad y alegría de los participantes, la afluencia de millones de personas, y millones no es una exageración. Ello me confirma que esa fecha es considerada por la mayoría de los argentinos como la del comienzo de su Nación y de su identidad nacional.

Pero ¿qué pasó a partir de ese 25 de mayo de 1810 en el virreinato del Río de la Plata? ¿Existía la Nación Argentina? ¿Había una nacionalidad preexistente o había una nacionalidad a construir?

De las respuestas que demos a estas preguntas se pueden sacar diferentes conclusiones acerca de las posibilidades de actuar sobre la realidad política nacional actual.

Entonces, para responder a estas preguntas recurriré en primer lugar a algunas definiciones teóricas acerca de qué es una Nación, que me indicarán el camino a seguir. En mi libro Nación, Identidad e Independencia (1), este tema está tratado en forma extensa. Inclusive el concepto de identidades étnicas y nacionalidades preexistentes. Acá intentaré hacer un resumen de lo escrito en ese libro.

Existen dos tendencias, los que consideran que el espíritu nacional ha existido siempre porque es un sentimiento natural de los grupos humanos, y quienes afirman que se trata de la consecuencia de una construcción, fruto de determinadas circunstancias históricas. Los primeros son los que denomina primordialistas, y los segundos modernistas.

En la actualidad, la mayoría de los historiadores entienden que la Nación es una construcción histórica contingente, que depende en parte de la acción humana y en parte es determinada por circunstancias ajenas a los protagonistas de esos hechos.

Sin embargo, a fines del siglo XIX, los dos historiadores que fueron los que relataron los hechos históricos de los primeros acontecimientos de nuestra nacionalidad, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, tenían ideas que contrastaban, mientras Mitre entendía a la Nación como construcción y obra humana, López creía en una nación argentina preexistente.

Los historiadores de la primera mitad del siglo XX, también pensaron la Nación como preexistente a la Revolución de Mayo. Ricardo Levene lo expresa que la historia: “es el camino que conduce al descubrimiento del alma nacional con sus modalidades inconfundibles, y no un medio para crearla precisamente, como se ha dicho, pues que preexistía con sus manifestaciones palpitantes y no hemos hecho sino revelarla por la investigación no como un resto arqueológico sino como un hecho vivo, al amor del pueblo y sobre todo al espíritu de continuación y superación de las nuevas generaciones.” (2)
La historiografía de la segunda mitas del siglo XX cambia de enfoque. Anthony Smith escribió en 1991 que una generación moderna de estudiosos demostró la contingencia de las naciones en la historia y su relativa modernidad. Antes de la Revolución Francesa había expresiones fugaces del sentimiento nacional según la acepción moderna del término Nación, pero las naciones de ciudadanos a gran escala “no pueden nacer sino en la era de la industrialización y la democracia.” (3)
Yo me inclino por ésta última tesis y en este trabajo estudiaré cómo se construyeron las bases de la Nación Argentina en la primera década después de la Revolución de Mayo.

Pero ¿Qué es una Nación? Veremos a continuación algunas definiciones.

Ernest Renan, publicó en 1887 su ensayo pionero que intentó responder a esta pregunta Define la Nación de la siguiente forma:

Para nosotros una nación es un alma, un espíritu, una familia espiritual; resulta, en el pasado, de recuerdos, de sacrificios, de glorias, con frecuencia de duelos y de pesares comunes; en el presente, del deseo de continuar viviendo juntos. Lo que constituye una nación no es el hablar la misma lengua o el pertenecer al mismo grupo etnográfico; es haber hecho grandes cosas en el pasado y querer hacerlas en el porvenir. (4)

Benedict Anderson define Nación de la siguiente forma: es “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana.” (5) A continuación, explica el significado de las representaciones de su definición. El término imaginaria corresponde porque los habitantes de una nación no se conocen todos entre sí, “pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión.” En cuanto a limitada, implica que es finita, pues, si bien las fronteras pueden ser elásticas y variables, siempre debe coexistir con otras naciones de la misma especie. El término soberana nos indica que el concepto moderno de nación tuvo su origen en la época de la Ilustración y de la Revolución Francesa, cuando los reinos dinásticos de inspiración divina comenzaban su ocaso y era necesario definir una nueva soberanía. El concepto de comunidad implica un compañerismo profundo entre sus miembros a pesar de ciertas diferencias que los separan (6), en términos de la Revolución Francesa sería fraternidad.


En la historiografía argentina actual, la tesis de José Carlos Chiaramonte es la aceptada mayoritariamente. Entiende que, ente 1810 y 1820, no había un Estado rioplatense. Existían solamente gobiernos transitorios que se sucedían en virtud de una proyectada organización constitucional que se prolongaba en el tiempo y fracasaba al concretar su definición constitucional. Era una situación “de provisionalidad permanente, que une débilmente a los pueblos soberanos, y no siempre a todos ellos.” [7]

Agrega más adelante que: “La cuestión de la nacionalidad, inexistente en las dos primeras décadas de vida independiente, fue así instalada en el centro de las preocupaciones políticas por Echeverría, Alberdi, Gutiérrez y demás miembros de la generación romántica, incluidos sus entonces jóvenes seguidores, tales como, entre otros, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López.” (8)
Las dos hipótesis, la de los historiadores de la primera mitad del siglo XX, que consideraban a la Nación como preexistente a la Revolución de Mayo y los de la segunda mitad, que entienden que la Nación no existió hasta que la concibieron los protagonistas románticos de la llamada “generación del 37”, se despreocupan del problema de la construcción de la Nación, unos porque ya existía y los otros porque se constituyó varias décadas después.

Pero volviendo al primer párrafo de este capítulo, el pueblo argentino actual, cuando festejó el bicentenario de la Revolución de Mayo, entendió que era el bicentenario del nacimiento de la patria, de esa patria que fue simbolizada en el desfile alegórico como una mujer vestida de celeste y blanco, volando hacia el futuro.
Entonces, en primer lugar, si aceptamos a la Nación como contingente, como una creación humana que salió a la luz el 25 de mayo de 1810, cuyos símbolos que la identifican fueron creados en la primera década luego de la revolución se nos plantea una cuestión: ¿Quién, cuándo y por qué se construyeron esos símbolos que hasta el día de hoy representan a la Nación Argentina?

En segundo lugar, —y creo que es el planteo más interesante de esta tesis—, si la Nación es una construcción histórica contingente y no un “alma nacional preexistente”, es posible para las generaciones actuales y futuras hacer modificaciones a esa identidad nacional adaptándola a las exigencias políticas y sociales del siglo XXI, sin traicionar esos ideales que salieron a la luz pública luego de la Revolución de Mayo de 1810.

En las próximas páginas intentaré desarrollar cómo y quienes construyeron esos símbolos que representan la identidad argentina hasta el día de hoy, teniendo en cuenta que se crearon en la primera década después de mayo de 1810.





(1) Pablo A. Chami, Nación, identidad e independencia, en Mitre, Levene y Chiaramonte, Editorial Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008.
(2) Ricardo Levene, Historia de la Nación Argentina (Desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1947, Volumen VI, p. 22-23. (Las negritas son mías).
(3) Anthony D. Smith, La identidad nacional, Trama Editorial, Madrid, 1997, primera edición en inglés, 1991, p. 40.
(4) Ernest Renan, ¿Qué es una nación? Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1983, p. 4-5.
(5) Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1993. Primera edición en inglés: 1983, p. 23.
(6) Ibidem, p. 23-25.
(7) José Carlos Chiaramonte, Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846), Compañía Editora Espasa Calpe Argentina, Buenos Aires, 1997. P .159.
(8) Ibidem, p. 261.

martes, 25 de mayo de 2010

Introducción



La construcción de la Nación Argentina

1810-1820


Comienzo a escribir este blog el 25 de mayo de 2010, cuando se cumplen 200 años del inicio del camino hacia la construcción de la Nación y la identidad argentina.



Las recientes declaraciones del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio me llevan a reflexionar acerca de las distintas ideas sobre nuestra identidad. El Cardenal dijo en su homilía de 15 de abril:

"Le pido al Señor que ante esas internas mezquinas de miedo y desorientación nos sopapee con la luz de la grandeza. La grandeza de una Patria que hemos recibido hecha con trabajo, lucha, sangre, equivocaciones. ¡Pero la recibimos y no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación!".

Destaco la frase: “no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación”. Me preguntó: ¿por qué no tenemos derecho a cambiar, modificar o mejorar nuestra identidad?

Para responder a esta pregunta podemos recurrir a la Historia. En las últimas décadas del siglo XX se produjo un largo debate acerca de la formación de las naciones modernas. Este debate responde a las siguientes preguntas: ¿La Nación es un alma que preexiste o una construcción histórica? Y además: ¿las naciones modernas surgieron durante la ilustración o existían desde antes?

Existen dos teorías acerca de la creación de las naciones: Los primordialistas y los modernistas. Los primordialistas creen que la nación existía desde tiempos remotos como etnia o nación para luego conformar el estado-nación. Los modernistas entienden que la nación es una construcción histórica contingente.

En general, los historiadores actuales consideran que las naciones y las identidades nacionales corresponden a una construcción histórica determinada por la acción de los pueblos y por circunstancias externas contingentes que los condicionan.

Si aceptamos esta última posición, entonces la Nación Argentina y también nuestra identidad son producto de la acción histórica, que tiene como base la acción de los hombres de la Revolución de Mayo: Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo, los congresales de Tucumán en 1816. Los creadores de los símbolos patrios, la bandera de Belgrano y el Himno Nacional de Vicente López y Planes. Y luego, las distintas generaciones que conformaron nuestra nacionalidad.

La Nación tiene como base estos orígenes, pero como toda creación humana, es perfectible y las nuevas generaciones tenemos el derecho y creo que también la obligación de modificar los significados de nuestra nacionalidad de acuerdo a los tiempos. Le respondo a Bergogilo: la Nación no es un regalo del Cielo. Es una construcción humana hecha con aciertos y errores. Por eso tenemos todo el derecho a modificar y mejorar nuestra identidad incorporando nuevos factores que el paso del tiempo nos hace presentes. Me refiero a las minorías postergadas, los pueblos originarios, los inmigrantes europeos de la primera inmigración, los nuevos inmigrantes de las repúblicas hermanas y las minorías sociales: discapacitados, homosexuales, raciales entre otros. Debemos recordar el pasado para no repetir trágicos errores, pero aferrarnos a él, impiden el desarrollo de nuestro ser nacional.